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Multitudes de personas seguían a Jesús para oír sus enseñanzas y presenciar sus milagros. Preocupado por la audiencia, Jesús preguntó a sus discípulos si había algo para alimentar a la gente. Pero, todo lo que pudieron encontrar fue una cesta con pescado y pan que pertenecían a un muchacho.
Tomando la poca comida que tenían, Jesús la bendijo y dijo a los discípulos que la repartieran hasta donde pudieran llegar. Milagrosamente, la comida se multiplicó, y más de cinco mil personas comieron con lo que Jesús había multiplicado usando el poder de Dios. Y hasta sobró comida, después que todos estaban satisfechos.
La gente quedó asombrada ante este milagro, y su fascinación por Jesús y sus poderes les hizo querer saber más de este profeta de Dios.
Simón el pescador es conocido por dar pescado extra a sus clientes. Cuando un par de niñas se muestran curiosas al respecto, él les explica cómo Jesús hizo una enorme cantidad de comida a partir de casi nada.
Jesús entendía la necesidad diaria de alimento que toda persona experimenta. Él mismo lo sintió mientras estuvo en el desierto. Atendió las necesidades prácticas de la multitud de una manera milagrosa.
Esta historia básicamente sigue a Juan 6:1–14, con algunas adiciones de los relatos paralelos en Mateo 14:13–21, Marcos 6:32–44 y Lucas 9:10–17. Este milagro es uno de los pocos que se registran en los cuatro evangelios. Cada relato cuenta la historia de manera diferente, pero todos los detalles encajan entre sí.
1. ¿Cómo crees que te sentirías si hubieras visto a Jesús multiplicar los panes y los peces aquel día?
2. ¿Cómo crees que el milagro afectó al joven y su fe en Jesús?
3. Si Jesús pudo usar los dos peces del muchacho para alimentar a cinco mil personas, ¿cómo podría usar lo poco que tú tienes para hacer algo por los demás?
4. ¿Crees que Jesús puede hacer grandes cosas por los demás a través de ti?